Lo que muchos no saben sobre los beneficios del Seguro Social:
Una guía sencilla para nuestra comunidad
Por Tito Lagos-Bassett*
A lo largo de muchos años he escuchado a personas de nuestra comunidad hablar del Seguro Social con una mezcla de preocupación, confusión y, a veces, resignación. Y lo entiendo. Aun quienes tenemos formación académica sólida podemos tardar en comprender cómo funcionan ciertos beneficios, especialmente cuando se trata de temas como discapacidad, pensión o beneficios para el cónyuge. Si a mí me costó, ¿cómo no le va a costar a quienes trabajaron toda su vida en oficios duros, sin acceso a información clara o sin apoyo para entender estos procesos?
Por eso decidí resumir aquí algunos puntos esenciales que casi nadie explica de manera sencilla, y que pueden marcar una gran diferencia para muchas familias.
Primero: Cuando una persona es declarada total y permanentemente discapacitada por el Seguro Social (SSDI), el monto que empieza a recibir se calcula como si esa persona hubiera alcanzado su edad plena de jubilación. En otras palabras: el beneficio por discapacidad ya es su beneficio completo, sin penalizaciones. Esto es muy importante porque significa que, sin importar si la discapacidad comenzó a los 25, 45 o 55 años, la cantidad mensual que recibe el pensionado equivale técnicamente a su PIA, la cifra base que usa el Seguro Social para todos sus cálculos.
Segundo: Muchas parejas desconocen que un cónyuge —o incluso un ex cónyuge que estuvo casado al menos diez años— puede tener derecho a recibir un beneficio basado en el historial del trabajador. Y en el caso de una persona discapacitada, la regla es simple: el cónyuge puede recibir hasta el 50% del monto que el pensionado está recibiendo. Si el pensionado cobra $3,000.00 al mes, el cónyuge puede recibir $1,500.00 al alcanzar los 67 años.
En Tercer lugar, cada año el Seguro Social aplica un ajuste por costo de vida, conocido como COLA. Mucha gente cree que solo se incrementa el beneficio del trabajador, pero no es así: el cónyuge también recibe el aumento, aplicado en la misma proporción. Aunque técnicamente el cónyuge no recibe “el nuevo 50%” recalculado, en la práctica la proporción se mantiene, y ambos beneficios continúan creciendo de manera paralela.
Finalmente, quiero insistir en algo: la falta de información ha hecho que muchas personas pierdan beneficios por años, o que vivan con miedo de preguntar. Hablar de estos temas no solo es un acto de educación comunitaria: es un acto de justicia. Todos, sin importar nuestro nivel académico, merecemos acceder a información clara, comprensible y confiable.
Mi recomendación es sencilla: infórmese, pregunte, comparta. Y si conoce a alguien que podría beneficiarse de esta información, transmítasela. Entre todos podemos ayudar a que nuestra comunidad viva con más tranquilidad y más derechos.
Hasta la próxima…
*Director de Nicas En El Exterior News
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