
Pensar culturalmente a Gracias es una tarea compleja que requiere estudio y reflexión profunda desde la historia, la gestión del patrimonio, la economía y el turismo.
La tierra de Lempira ha generado históricamente símbolos y relatos culturales tan poderosos que rebasan su propio territorio y se han insertado en el imaginario nacional, por ejemplo el nombre de nuestra moneda, las narrativas de resistencia o soberanía y un universo mitológico ancestral que acrisola la tradición lenca y mestiza.
Gracias, la ciudad más importante de Lempira, posee una riqueza cultural amenazada debido a la falta de estudio, documentación, desinterés institucional, además de una idea de explotación y visibilidad superficial al tratarla como souvenir de consumo inmediato.
¿Cómo está Gracias actualmente? un centro histórico desbaratado por la negligencia e ignorancia; las fiestas tradicionales, ferias y rituales como el guancasco son menospreciados y están al borde del olvido; los sitios históricos, los monumentos públicos, parques y plazas están descuidados, sin mantenimiento y sin personal capacitado para su atención; el manejo de la basura y residuos es pavoroso, igual que la invasión de calles y aceras por los comercios y vendedores; apoyo paupérrimo a los procesos culturales que se gestan desde la sociedad civil; la grave depredación del bosque por las lotificadoras y constructoras que operan sin ningún control en la zona de amortiguamiento en la montaña de Celaque y arrasan con la flora y fauna endémica que es parte del atractivo de esta región.
La idiosincrasia de Gracias ha cambiado en las últimas décadas debido a las migraciones del sur de Lempira y de otros lugares de Honduras, son pocas las familias patricias que aún conservan y protegen sus propiedades, hay una fuerte tensión en el patrimonio arquitectónico y en el tejido social debido a la falta de educación sobre la riqueza histórica y las responsabilidades que implican salvaguardar esta joya de nuestra cultura.
Si no nos educamos en el significado de Gracias, es imposible protegerla. No se puede tener conciencia de lo que no conocemos, peor aún: no podemos amarlo.
Aquí fluye cultura viva, sincretismo expresado en su lenguaje, su gastronomía, sus ritos y formas de sobrevivencia en un territorio hermoso, pero donde la gobernabilidad y la educación están en deuda con sus habitantes. Es una tierra de contradicciones despiadadas y de belleza sin igual.
Una población educada en el valor cultural de su ciudad, dinamiza la vida comunitaria y sana las heridas sociales; tendrá un sentido fuerte de orgullo, identidad y pertenencia; valoriza sus expresiones y fiestas; hace más fácil la convivencia, la protección de sus recursos y su patrimonio; mejora la seguridad; permite la creación de empresas culturales; estimula la consolidación de una clase empresarial con sentido de responsabilidad social vinculada a la cultura y garantiza acceso y participación igualitaria a los bienes comunes.
Hay retos esenciales a nivel institucional como crear una política municipal de la cultura que incluya su protección, que potencie un programa de investigación, genere publicaciones expertas y populares sobre el patrimonio, recuperación de la bibliografía producida por sus escritores y pensadores; inversión en la infraestructura de sus espacios culturales como casa de la cultura, Casa Galeano, Jardín Botánico, la Casa del Guancasco de La Villa y la Casa del Guancasco de Mejicapa, la Fortaleza San Cristóbal (finalizar el anfiteatro), escuela de música; estructurar profesionalmente al menos tres salas de exposiciones artísticas y eventos; habilitar un espacio como pabellón de artesanías y manufactura lenca; formar a un grupo de jóvenes en gestión cultural, museografía, curaduría, edición, periodismo cultural, emprendedurismo, y márquetin cultural; crear redes de colaboración institucional; generar calendarizaciones anuales de la cultura con integración de sus actores; capacitar al personal de atención; formar públicos en expresiones culturales tradicionales y contemporáneas; crear un presupuesto especial para ser ejecutado por la Cámara de Turismo de acuerdo a objetivos e indicadores de desarrollo previamente establecidos, cederle algunos espacios para administrarlos y que las ganancias se reinviertan en su mantenimientos o en las mismas dinámicas culturales; potenciar la gestión cultural independiente con recursos y logística; generar fondos para proyectos de los artistas y emprendedores vinculados a la artesanía o gastronomía tradicional; propiciar un espacio de debate permanente de la cultura, vista sin miedo, desde la libertad de expresión y alejada del utilitarismo del turismo o de la política para que no se estigmatice la belleza y la comprendamos, en su vigorosa conciencia de la verdad y la justicia; crear una estrategia de vinculación e integración de las instituciones educativas en sus diferentes niveles; organizar el archivo de la ciudad; actualizar la marca Gracias y crear un asocio intermunicipal para fortalecer la red de bibliotecas Blue Lupin cuya plataforma puede convertirse en uno de los semilleros culturales más pujantes de América Latina.
Cortesía: El Heraldo. Salvador Madrid.
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