
« EDITORIAL »
Freedom of Speech / Libertad de Expresión
Por Allan Ortegaray

EditorGeneral@NicasNews.com
Libertad de Expresión: El Oxígeno de la Democracia
Lastimosamente, en la época en que vivimos, muchísimos países en el mundo carecen de libertad de expresión. Sin detenernos demasiado a pensar, solemos atribuir esa carencia a los regímenes comunistas, a los autodenominados socialistas o a los gobiernos autoritarios. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. En esa lista —no tan exclusiva, por desgracia— aparecen países como China, Rusia, Corea del Norte, Afganistán, Cuba, Nicaragua y Venezuela, por mencionar solo algunos.
Pero, ¿qué significa realmente Freedom of Speech en inglés y Libertad de Expresión en español?
El Oxford Reference define la freedom of speech como la libertad de expresar opiniones e ideas sin obstáculos ni miedo a represalias, aunque aclara que no es un derecho absoluto: está limitado por leyes que regulan la incitación a la violencia, la difamación y el discurso de odio racial.
Por su parte, el Diccionario de la lengua española (DLE) de la Real Academia Española define libertad de expresión como el derecho a manifestar y difundir libremente ideas, opiniones o información. El Diccionario panhispánico del español jurídico amplía el concepto al incluir la posibilidad de difundir pensamientos por cualquier medio —oral, escrito o artístico—, así como la libertad de creación científica o cultural, la libertad de cátedra y el derecho a comunicar información veraz.
En esencia, hablamos de un derecho fundamental, uno que protege la capacidad humana de pensar y expresarse sin miedo, sin censura previa, y con plena responsabilidad sobre las consecuencias de lo dicho. No es un permiso para el caos, sino una garantía para la convivencia democrática.
El pulso global de la libertad
Hoy, la libertad de expresión se mide en distintas escalas: libertad de prensa, expresión personal, censura digital, violencia contra periodistas, entre otras.
Según el Global Expression Report 2023, el panorama es preocupante:
- El 80 % de la población mundial vive en países con menos libertad de expresión que hace una década.
- Solo el 13 % de las personas habitan en naciones consideradas “abiertas”.
- Más de 4.200 millones de personas (aproximadamente el 53 % de la humanidad) viven bajo regímenes donde expresarse libremente puede costar la libertad o la vida.
En otras palabras, el silencio impuesto se ha vuelto un lenguaje global.
En Estados Unidos, la libertad de expresión se encuentra protegida en la Primera Enmienda de su Constitución, adoptada en 1791 como parte de la Carta de Derechos (Bill of Rights). Su texto dice:
“El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba el libre ejercicio de la misma; o que coarte la libertad de palabra o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente, y a pedir al Gobierno la reparación de agravios.”
Este breve pero poderoso texto ha sido la base de siglos de debates, fallos judiciales y avances sociales.
La Corte Suprema de los Estados Unidos ha interpretado esta enmienda de manera amplia, protegiendo especialmente el discurso político y social. Casos emblemáticos como Brandenburg v. Ohio (1969) establecieron que solo puede sancionarse una expresión si incita a una acción ilegal inminente, y New York Times v. Sullivan (1964) fijó altos estándares para los casos de difamación contra la prensa, garantizando el periodismo crítico hacia los funcionarios públicos.
En otro fallo histórico, New York Times Co. v. United States (1971), la Corte impidió que el gobierno censurara la publicación de los Papeles del Pentágono, documentos sobre la guerra de Vietnam. Aquella decisión reafirmó un principio sagrado: no puede haber censura previa.
Hoy, la Primera Enmienda enfrenta nuevos desafíos: redes sociales, desinformación, discursos de odio y algoritmos que deciden qué vemos o leemos. Aunque la tecnología ha transformado el escenario, el principio esencial se mantiene: el Estado no puede censurar ideas, incluso si son ofensivas o impopulares, salvo que generen daño directo o inciten a la violencia inmediata.
Decencia y responsabilidad
Aun así, la libertad de expresión no lo es todo. A veces confundimos libertad con libertinaje. Que las leyes de un país te permitan expresarte no significa que puedas decir cualquier cosa sin medir el impacto. No se trata de gritar lo primero que pasa por la mente ni de usar la palabra como arma.
La decencia humana también debe ser parte de este derecho. Resulta repugnante —por usar la palabra justa— ver cómo algunas personas celebran la muerte o el sufrimiento ajeno, simplemente porque difieren de su pensamiento. Ese tipo de expresiones no son un ejercicio de libertad: son una renuncia a la empatía, al respeto y, en última instancia, a la humanidad.
La libertad de expresión implica también responsabilidad moral. Expresarse con conciencia, con respeto por la verdad y la dignidad de los demás, es lo que da valor a este derecho. No se trata solo de hablar, sino de hacerlo con propósito.
Reflexión final
Decía el juez estadounidense Oliver Wendell Holmes que “la libertad de expresión no protege solo las ideas que nos gustan, sino también las que detestamos”. Y tenía razón. La democracia necesita voces diversas, incluso disonantes, para poder respirar.
Pero ejercer la libertad de expresión requiere madurez cívica, empatía y educación. No basta con tener voz; hay que saber usarla.
Porque, al final, la libertad de expresión es el oxígeno de la democracia, pero ese oxígeno se contamina cuando olvidamos la decencia, el respeto y la responsabilidad que le dan verdadero sentido.
“La libertad de expresión es el oxígeno de la democracia.”
Decencia Humana
Un ciudadano común que ejerce su libertad de expresión de forma responsable y constructiva debería cultivar una combinación de virtudes personales, pensamiento crítico y valores cívicos.
Las principales características que debería reunir para fortalecer ese ejercicio serian:
- Pensamiento crítico
La base de toda expresión libre es saber pensar antes de hablar o publicar.
Implica analizar la información, cuestionar fuentes, distinguir entre hechos y opiniones, y evitar la manipulación o el fanatismo.
Un ciudadano con pensamiento crítico defiende ideas, no rumores.
- Responsabilidad
La libertad de expresión no es decir todo lo que se piensa, sino pensar bien lo que se dice.
Ser responsable implica reconocer que las palabras pueden construir o destruir, inspirar o herir.
Un ciudadano responsable busca expresarse con veracidad, respeto y conciencia del impacto que genera.
- Respeto y empatía
La libertad no se sostiene sin respeto hacia la diversidad de voces.
Ejercerla exige escuchar al otro, aunque piense distinto, y evitar el odio o la discriminación.
Un ciudadano empático comprende que la convivencia democrática se basa en el diálogo, no en la imposición.
- Valor y coherencia
No siempre es fácil decir lo que uno piensa, especialmente en entornos hostiles.
El valor cívico consiste en defender la verdad, la justicia o la dignidad humana, incluso cuando hacerlo conlleva riesgos o críticas.
Pero también requiere coherencia: actuar de acuerdo con lo que se dice.
- Educación e información
La libertad se fortalece con conocimiento.
Estar informado, leer diversas fuentes y entender los contextos políticos, sociales y culturales permite expresarse con fundamento.
Un ciudadano informado no repite; interpreta y contribuye.
- Tolerancia y apertura al diálogo
Ejercer la libertad de expresión no es imponer una voz, sino participar en una conversación colectiva.
Implica aceptar la crítica, debatir con argumentos y, a veces, reconocer errores.
El diálogo es el puente que une la libertad con la convivencia.
- Sentido ético y compromiso social
La libertad de expresión cobra verdadero sentido cuando se usa para mejorar la sociedad, denunciar injusticias o promover el bien común.
Un ciudadano comprometido no usa su voz para dividir, sino para construir una comunidad más justa, informada y humana.
En síntesis:
La libertad de expresión no es un derecho para hablar sin pensar, sino una responsabilidad para pensar con libertad.
“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”.
— Voltaire
“La libertad de expresión es la base de los derechos humanos, la raíz de la naturaleza humana y la madre de la verdad”.
— Amnistía Internacional
Allan Ortegaray
Editor General / Vice Presidente
EditorGeneral@NicasNews.com


